Este año ha sido uno de los más duros de mi vida. Pero como siempre pasa cuando uno tiene una crisis o está atravesando un momento difícil, existen lecciones qué aprender y que necesariamente se reflejan en mis propósitos de año nuevo.

Diciembre es una época en que la mayoría tiende a bajar el ritmo, a concentrarse un poco más en la familia y las tradiciones, pero también en el recogimiento y la reflexión.

Y no es de sorprenderse… porque con la tendencia negativa de la mente humana, preguntas como “¿Qué logré realmente este año?” o frases como “Otro año que no alcancé lo que me propuse” hacen que uno se sienta inútil, desanimado y que se cuestione si en verdad vale la pena si quiera proponerse alguna meta.

Pero la idea es siempre buscar la lección en la situación y quiero decirte que si estás pasando por un punto bajo en tu vida (o simplemente tienes una leve depre de fin de año) y no estás activamente buscando el mensaje que la vida te quiere dar, entonces no sólo estás sufriendo, sino malgastando la experiencia.

Ya sea una enfermedad (como ha sido mi caso), el rompimiento de una relación, la pérdida de tu empleo o la muerte de un ser querido, todas estas son oportunidades para revisar y replantear tu vida, si bien en el momento puedes sentir que simplemente no tienes las fuerzas para seguir adelante.

 

¿Vale la pena plantear propósitos de año nuevo?

Jamás me atrevería a asegurar que X o Y estrategia funciona igual para todo el mundo; eso es simplemente falso.

Si los propósitos de año nuevo funcionan o no, puede que para algunas personas sí y para otras no. Puede que algunos años sí y otros años no.

Pero yo hoy quiero proponerte algo diferente, algo que es el resultado de las lecciones personales de este año.

 

¡Es que no quiero hacerlo!

¿Te has preguntado alguna vez si quieres hacer determinada tarea? Aquí lo clave es el verbo “querer”. ¿Realmente quieres ir a trabajar mañana? ¿Realmente quieres asistir a la reunión de padres en el colegio de tu hijo? ¿Realmente quieres arreglarte para encontrarte con tus suegros?

¿Realmente quieres? Suena casi subversivo… casi atrevido, casi incorrecto.

Este año me he dado cuenta de que por años he hecho muchas cosas que en realidad no quería hacer. Me quedé en empleos que detestaba más tiempo del que debía, cumplí con expectativas familiares que no honraban mis deseos, me uní a proyectos que no estaban alineados con mi esencia…

¿Por qué? Bueno, la lista de excusas y justificaciones puede ser larga: temía quedar mal, temía decepcionar a alguien, temía quedarme sin ingresos, temía admitir lo que interiormente sabía que era verdad, temía la vergüenza y el escarnio público…

Temía, temía… he ahí el miedo como común denominador. No tener las agallas, el coraje, la valentía de decir “No quiero hacer esto” y en su lugar “Sí quiero hacer esto”.

Se nos pasan los años poniendo nuestros deseos de último en la escala de prioridades.

Bueno, esta vez será diferente. Mi propósito para el año que viene es uno solo: Únicamente hacer lo que quiero hacer.

 

¿Y el resto?

Sí, ya sé, ya sé… obviamente que hay miles de cosas que tienes que hacer porque toca, porque soportan tu estilo de vida, tu día a día.

También sé que aunque no disfrutes de tu trabajo en este momento probablemente lo necesitas. Que hay que pagar las cuentas y llevar los niños al colegio. Que es necesario mantener la casa limpia y hacerle mantenimiento al carro.

Sí… pero más me refiero a aquellas cosas que cada vez que las haces pierdes un pedacito de tu alma. Y aquellas cosas que no estás haciendo y que sabes que alimentarían tu espíritu.

Me refiero a aquello que desde hace tiempo (¿años?) sientes como una espina en un costado y que no has tenido la valentía de admitir en voz alta. Eso que hace que se tuerza algo por dentro, en tu abdomen, cada vez que alguien lo menciona.

Tú sabes exactamente qué es. Y sabes en este preciso momento que te estoy hablando a ti.

¿Qué tal si este año haces algo diferente? ¿Qué tal si esta vez solamente decides lo que quieres hacer y lo que no quieres hacer más el año que viene?

¿Qué tal si terminas esa relación tóxica que se come tu alma?
¿Qué tal si dejas ese empleo con su jefe abusivo?
¿Qué tal si comienzas a amarte más comiendo saludable y sacando la bicicleta del garaje?
¿Qué tal si planeas el viaje que siempre has soñado?
¿Qué tal si te inscribes en ese curso que te inspira?
¿Qué tal si contratas a alguien que te ayude?
¿Qué tal si te involucras en ese voluntariado que llama a tu corazón?
¿Qué tal si pones límites y tomas la decisión de pasar más tiempo con tu familia?
¿Qué tal si empiezas a escribir ese libro que quiere nacer de ti?

¿Qué tal? Tú puedes hacerlo. A veces uno ve las cosas más grandes de lo que son, a veces uno le da demasiado poder a las circunstancias, a veces uno duda de uno mismo.

Pero debes confiar en ti y honrarte a ti primero que todo. Porque si tú no estás bien, nadie a tu alrededor lo estará.

Así que te invito a que te olvides de los propósitos de año nuevo y simplemente te preguntes: ¿Qué quiero? ¿Qué NO quiero?

Este es mi último post del año, espero verte aquí de nuevo muy pronto, con energías renovadas y muchas cosas nuevas para ayudarte a vivir una vida con mayor claridad, propósito y significado.

 

Imprimible del mes

Este mes el imprimible es un planeador simple para que hagas tu lista de lo que quieres y no quieres.

Nada del otro mundo, simplemente tómate cinco minutos al lado de una buena taza de té o café y de la manera más honesta y valiente, haz tu lista.

De seguro ya tienes unas cuantas cosas que quieres plasmar allí y que llevas cargando por largo tiempo. Puedes ser tan especifico o general como quieras, no hay reglas, haz que este ejercicio sea sólo tuyo.

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Ahora es tu turno

Ve a los comentarios y dime una cosa que quieres y una cosa que no quieres para el año que viene.

 

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